El riesgo del fútbol moralizante.

Editorial de El País tras la victoria del Chelsea en la Copa de Europa. DeSqueran analiza un maravilloso texto lleno de pretenciosidades prisaicas con las que no hacemos sino disfrutar como niños. Recordad amigos, nunca jueguen ni volteen la ideología de un progresista de salón, podría ofenderse y hacer un editorial.
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EL ACENTO
El riesgo del fútbol roto. En un espectáculo pagado a precios astronómicos, no vale solo [sólo] con ganar
.
A los que creen que el fútbol es un arte ahora
[¿Quién es el analfabeto que ha escrito esto? ¿Y quién lo ha pasado por alto?]
por el azar, pero sobre todo por el dinero,

[¿Un arte por el azar? ¿Un arte por el dinero? ¿Qué cojones quiere decir esto?]

no les ha podido extrañar que al final de la Champions más rara de la historia reciente

[¿Rara? ¿Por qué? ¿Porque hubo emoción, dramatismo, incertidumbre, épica?]

se hubiera impuesto el fútbol roto, o rompedor, del Chelsea.

[¿Fútbol roto? ¿Oscuros neologismos futboleros en un pseudo-editorial de El País?]

De esa manera, rompiendo el fútbol donde este [éste] nace,

[¿Dónde “nace” -es decir, nació- el fútbol? ¿En Múnich?]

el equipo inglés que ahora ha batido al Bayern en la tanda de penaltis, derrotó en la semifinal al Barcelona. Y el Bayern acabó con el Real Madrid también gracias al más azaroso de los avatares del balompié.

[El campeón y el finalista lo fueron por azar. Es falso, pero al menos tiene sentido; se puede comprender. No es poca cosa.]

Frente al imponderable del catenaccio,

[¿Imponderable, el catenaccio? ¿Por qué ha de estar relacionado con el azar el catenaccio, que fue una innovación estratégica dirigida, precisamente, a controlar mejor los ataques del adversario?]

que la modernidad

[¡La modernidad! ¡En el fútbol! Ya puestos, ¿por qué no hablar del fútbol posmoderno, o deconstruido?] 

no ha podido arrinconar,

[Una pequeña aldea italiana aún resiste al imperio del tiquitaca.]

y ante la evidencia de que un penalti depende hasta del ruido en un estadio,

[¿Qué es lo que depende? ¿Que se pite un penalti, o que se marque? En todo caso, así es: en el mundo real, el ruido del estadio influye en el juego. A algunos, esto nos parece la esencia del fútbol.]

no importan ni la estrategia, ni la táctica, ni siquiera el humor

[¿Qué tiene que ver el humor? ¿No sería más lógico hablar de “la calidad”, o “la fuerza”?]

de entrenadores o de futbolistas.

[A ver si lo he entendido, que no creo: el catenaccio, que se equipara al azar, y la influencia del ruido del estadio, vuelven irrelevantes la estrategia, la táctica y el humor de entrenadores y futbolistas. Absurdo.] 

Ganó el Chelsea, pues, tras la sucesión de partidos en los que la desigualdad de equipos, de tácticas y de presupuestos,

[Yo diría mejor “diferencia” de tácticas. En cuanto a los equipos y a los presupuestos, no eran excesivamente “desiguales”, si consideramos a los cuatro semifinalistas].

pusieron de manifiesto que el fútbol no es una ciencia, y mucho menos es una ciencia exacta.

[A eso lo llamo yo descubrir el Mediterráneo. Y para llegar a esa pedestre conclusión, no hacía falta el engrudo previo.]

Pero como no es sino un juego, este [éste] se prolonga en las adivinaciones que ahora se inclinan por creer que triunfará el fútbol malo.

[Si el fútbol es un juego, y no una ciencia -“y mucho menos, exacta”-, ¿a qué viene distinguir entre “fútbol malo” y fútbol a secas? Si, llevando el razonamiento -llamémoslo así- al absurdo, el fútbol es sólo azar, entonces no hay un fútbol mejor que otro, porque la victoria no se corresponde con la calidad. Por otra parte, el argumento -sic- es ilógico: si el fútbol es un juego, y no una ciencia, entonces nadie puede encontrar el algoritmo de la victoria; por lo tanto, es imposible hacer “adivinaciones” sobre qué fútbol “triunfará”.]

Como ganó el fútbol roto, y adusto, antipático,

[“Roto” es una cualidad física. “Fútbol roto” es un neologismo oscuro, pero susceptible de ser empeorado: he aquí “fútbol adusto” y “fútbol antipático”. Metáforas -porque son metáforas, construidas al dar al estilo de juego los rasgos de una persona- de tipo ya no físico, sino moral. “Adusto”, “antipático”, ¿para quién? Sigamos leyendo, a ver si nos enteramos de algo.]

del Chelsea, ya circula por los mentideros universales del fútbol la especie de que se está inaugurando un nuevo ciclo,

[Llamadme paranoico, pero yo aquí veo una alusión al Madrid, no al Chelsea.]

que garantiza la victoria

[¿Cómo “garantiza”? ¿No habíamos quedado en que el fútbol es azaroso, y que por eso mismo había ganado el Chelsea?]

de los que dan patadas y anulan el porvenir del juego exquisito.

[Oh, oh. Paren máquinas. Lo de “dan patadas” es nuevo. Y, por cierto: ¿cómo se juega al fútbol, si no es dando patadas al balón y, ocasionalmente, a los rivales? Luego, está lo de “anulan el porvenir”, pero a esta señorita tampoco nos la habían presentado. Y remata la frase el “juego exquisito”, otro recién llegado. ¿Qué es “exquisito”? ¿Cómo puede entenderse este texto, si a cada confusión no le sigue una aclaración, sino más confusión? ¿Debemos sobreentender lo que se nos quiere decir? ¿Por qué hemos de hacerlo? ¿Estamos todos, acaso, “en el ajo” de un mismo discurso? Yo, desde luego, ni lo estoy ni quiero estarlo.]

Esta mercancía averiada

[¿Cómorl?]

la compran los que creen que de esa manera se establece la primacía de la fuerza

[El azar y el catenaccio significan, por lo visto, “la fuerza”. Para mí, el catenaccio es, si acaso, la inteligencia. No toda la inteligencia, por supuesto; pero la inteligencia. De cualquier modo, el fútbol es un deporte. Un deporte físico. Parece una tautología, pero no debe de serlo, cuando hay quienes piensan que en un deporte no hay -¡no debe haber!- “primacía de la fuerza”.]

sobre la decencia de la elaboración,

[Me lo estaba temiendo. Moralizar, todo es empezar. De aquellos “adustos” y “antipáticos”, hemos dado, rodando cuesta abajo, en esta “decencia”. Decencia “de la elaboración”, además. Me pregunto, ya casi sin fuerzas, qué se supone que es “la elaboración”, por qué se supone que es “decente”, y si también debo tragarme estos sobreentendidos.]

de la creación de belleza

[No, no. Por aquí ya no paso ni en broma. Un partido de fútbol no es una puta galería de arte: es un acontecimiento deportivo. No tiene connotaciones morales ni estéticas. ¡Quitad vuestras sucias manos del fútbol!]

en el espacio destinado a dirimir las diferencias entre unos y otros.

[Esto me suena socialdemócrata. No me preguntéis por qué; a estas alturas, ya no estoy muy lúcido.]

Y ese supuesto hay que eliminarlo desde la crítica del gusto.

[Ver más arriba. Pero no me resisto a apuntar que “el gusto” -y su “crítica”-, como sabe cualquier estudiante de Curso 0 de sociología, no son universales, sino relativos a cada tiempo y lugar. Son modas.]

En el tiempo de la globalización del fútbol como una de las más atrayentes artes

[Esto acaba conmigo.]

deportivas,

[Oxímoron.]

cuyo sitio ya no es la cancha

[Esta palabra se ha acabado imponiendo, pero no deja de ser un argentinismo. No sé si es también indicio de algo.]

sino el espectáculo televisado,

[No. El fútbol sigue siendo un acontecimiento deportivo cuyo lugar es el estadio. Otra cosa es que, además, se televise. No escamoteemos las verdades elementales, por muy posmodernos y trileros -valga la redundancia- que seamos.]

hay que avisar contra esta tendencia del todo-vale-para-ganar;

[Non sequitur, non sequitur, non sequitur. El “azar” no implica el “todo vale”. El “fútbol roto” no implica el “todo vale”. El “fútbol adusto” y “antipático” no implica el “todo vale”. “Dar patadas”, si lo entendemos como “jugar sucio” -y tenemos que aceptar el abusivo sobreentendido-, sí implica el “todo vale”; aunque, ¿para qué están los árbitros? El problema es que el editorial no ha empezado presentando al Chelsea como un campeón del juego sucio, porque tal cosa sería imposible de plantear a cualquier lector que aún conservara la mitad de la mitad de su cerebro. No: el editorial ha empezado diciendo no sé qué del arte, el azar y el dinero.]

los entrenadores, los futbolistas, pero sobre todo los espectadores, deben reclamar de los clubes el espectáculo que ahora se paga a precios astronómicos.

[¡El “espectáculo”! ¿Y quién coño decide qué es y qué no es “espectáculo”? ¿Los “espectadores” -que, además, no son visitantes de museo, sino seguidores más o menos activos de su equipo- o los “críticos del gusto”? Y, por encima de todo, lo repetiré siempre: el fútbol es, por circunstancias sociales, un espectáculo; pero en primer lugar, y por definición, es un deporte.]

Jugar para ganar, sin crear belleza, está al alcance de la mediocridad del catenaccio; ganar jugando

[¿Cómo que “jugando”? ¡Si acabas de decir que también se puede “jugar para ganar sin crear belleza”! Tendrías que haber dicho, por lo menos, que “jugar para ganar no es jugar; es como estar jugando solooo…”.]

es lo que demanda el fútbol si este quiere progresar siendo delicado.

[“Progresar siendo delicado”. ¡Las sales! ¡Las sales, que me da un vahído!]

7 comentarios

Archivado bajo mafia-madridista, realmadrid2011-2012

7 Respuestas a “El riesgo del fútbol moralizante.

  1. Jose Maldoror

    Se me abren las carnes, se me caen los palos del sombrajo y me deslomo una y otra vez en estupefactas caídas del caballo, cuando se evidencia ante estos ojitos lo que antes era y en lo que ahora se ha convertido este periódico. A su querencia por la manipulación y palmaria falta de objetividad (en deportes, Diego Torres) ahora resulta que ni saben escribir.
    Señores, uno, como tantos, se ha ‘educado’ con El País; con él bajo el brazo hicimos muchas travesías. Su decadencia, su derrumbe, sus renuncias, son la metáfora perfecta de la calidad de nuestra democracia.
    Después de tantos años, desencanto.

    Buen trabajo, DeSqueran. Gracias, Jarroson.

  2. Claire

    Enorme la disección que de la manipulación de las mentes débiles (menuda redundancia) consumidoras de Lo Prisiaco hace DeSqueran. Y enorme blog. Enhorabuena a ambos.
    Por cierto, supe hace un tiempo por Fans que DeSqueran estaba preparando algo gordo en torno al análisis de Prisa y su “estilo editorial” con respecto al fútbol y el Madrid ¿en qué quedó?
    Saludos.

    • Sigue trabajando en ello.

      • DeSqueran

        Maldoror, tus palabras son las mías.

        Claire, me alegro de volver a leerte. Mi proyecto ahí marcha, lento pero seguro. El problema es que no sé muy bien hacia dónde lo quiero llevar ni para qué lo estoy haciendo. Gracias, en todo caso, por tu interés.

  3. Eshtamos confiantes

    Lo de Prisa es de risa. O no…porque me deja hasta mal cuerpo.

  4. Anosótropo

    La RAE (en realidad, la ASALE, Asociación de Academias de la Lengua Española) dicta en su última “Ortografía” que “este”/”esta”/”estos”/”estas” se escriban sin acento (ortográfico) si no hay anfibología (riesgo a confusión de si es un pronombre demostrativo o bien un adjetivo demostrativo, en este caso).

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