Nabucco sacó su trabuco.

Todos los madridistas del mundo nos levantamos ayer pensando en la raíz que dejamos hendida en tierra Champions hace unas semanas contra el OL para ver si aferraba al piso. Nos asomamos por la noche al televisor y lo primero que vimos fue el túnel de vestuarios, donde los primeros en aparecer bajo los focos eran el clan portugués: Pepe, Marcelo y Cristiano, hablando y gesticulando. Mou pasó por ahí y le dedicó unos segundos a nuestro lateral. Por fin había algo radiante en el estadio, con tiras, luminosidad, cánticos y banderolas. En Cristiano admirábamos el ímpetu por empezar. Lesionado en el Calderón, ausente con las selecciones y el Sporting, daba señales y consignas a Marcelo en el túnel y a Özil en la fila del himno. En cuanto terminó, empujo a los niños; quería empezar ya, como todos nosotros. Triunfó el sentido común y salió el once tipo en el esquema tradicional, con Di María en horizontal a los medios durante la fase defensiva y todo lo demás como siempre. Hizo bien Mourinho en dejar los inventos para otro día.

Para los que esperaban una sesuda partida táctica de la parte del Tottenham, usando sus cuatro focos principales (Bale, Modric, Van der Vaart y Crouch), la vía menos elaborada fue la más utilizada: balones a Crouch, que luego intentaría descargar a Van der Vaart. No obstante fue el Madrid quien golpeó (o lo intentó) primero. Khedira robó y Özil pasó a Cristiano, quien tiró fuera antes del primer minuto de juego. El portugués, unos metros por debajo de lo normal, intentaba cada vez que el balón rondaba a Marcelo crear una simple pero eficaz línea de superioridad; sin embargo, cuando el balón llegaba arriba sin los desmarques de ruptura de Benzema o Higuaín, las alternativas convergían en una sola opción: disparo desde lejos de Cristiano.

El Madrid, felizmente convencido y decidido, llevaba el ritmo desde el principio, y a los pocos minutos entre Di María y Khedira no se pusieron de acuerdo para acribillar a Gomes. De esa acción salió el corner que botó Özil y remató Adebayor. Entre las posiciones de los jugadores y la maraña en el área celebramos el gol sin ver la pelota, pero viendo los brazos en alto de Ramos. 1-0 y partido bien encaminado. El Real jugaba con la línea adelantada, y en fase defensiva nuestros hombre parecían concienciados y aplicados. Era vital que el sistema de ayudas funcionase bien ante uno de los equipos que más alternativas diferentes puede ofrecer: el balón largo a Crouch, el pase en profundidad a Bale o las conversaciones tikitakeras entre Van der Vaart y Modric. Di María ayudaba a Ramos y Khedira con Bale, Alonso se ocupaba (y bien) de estorbar a Crouch en los balones aéreos, y Alonso y Khedira cerraban las líneas de pase a Modric y Van der Vaart, para los que fue imposible nadar entre las líneas blancas. Ver la defensa de balones parados y córners era como mirarse a un espejo: Crouch con Adebayor, Kherida con Corluka…

Lo mejor de los primeros minutos, además del gol, era ver cómo al Tottenham le resultaba imposible rescatar algunos de sus recursos y el Real dominaba con tranquilidad el partido.  Otra cosa que nos hacía soñar era ir ganando el partido sin haber visto antes a Özil, puesto que ya le esperamos siempre. Todo esto hasta que Crouch se autoexpulsó de una forma algo idiota. Inmediatamente después, Gareth Bale pasó a la derecha y Van der Vaart quedó como único hombre adelantado. La expulsión de Crouch fue un regalo estratégico, pues sin duda no es uno de los mejores, pero sí uno de los más importantes en los planteamientos ofensivos del Tottenham. Que se lo pregunten a los milanistas. Ya sólo quedaba Modric intentando sobrevivir a la sombra de las espaldas de nuestros medios.

El Madrid controlaba de forma plácida, intentando conservar la intensidad. Desde el minuto 20 la posesión era blanca, abrumadora, pero no nos servía para terminar de forma clara las jugadas y tirábamos desde lejos y sin convencimiento, o sin alternativas en ataque. Como muchas otras veces, las mejores noticias las encontrábamos en el rival: había algo de hastío e incapacidad en los gestos de los jugadores ingleses, como la estúpida amarilla de Van der Vaart o la forma con la que Ekotto movía el balón para sacar una falta. En una bonita jugada de Di María y Özil, el turco desdobló al argentino por la derecha, lo que le abrió el pasillo central al Fideo. Así se ha pasado el año el delgado argentino, jugando a pierna cambiada sin que nadie excepto Higuaín a principio de curso le desdoblara por la derecha.

El partido tenía pinta de monólogo y comodidad, pero como siempre el Madrid se dejó ir en algunas fases intermitentes que a punto estuvieron de costar un disgusto. En un despiste imperdonable de Ramos y Marcelo, Bale le puso un balón a Van der Vaart en el estómago del área. Carvalho justificó su rango y le rebanó la pelota al holandés. Minutos después, un pase de Modric a la espalda de Ramos, un continente sin descubrir la mayoría de los días, puso a Bale cara a Casillas. Esta vez fue Pepe quién incomodó al galés. Mou se cargó de razón un día más con sus dos centrales: Pepe y sobre todo Carvalho estuvieron presentes en los momentos en los que los demás dimitieron.

Pero a pesar de la ligera desconexión del Madrid, el Tottenham siguió empotrado. A eso se limitaría su partido, a amalgamar a sus defensas, respirar cuando y cuanto fuera posible y mandar a la guerra a su kamikaze Bale. Nada más. Y defensivamente cumplieron sus expectativas: con un innumerable plantel de regateadores y pasadores (aunque no hombres con el desmarque en la sangre) el Madrid se adosó en el área rival. Cuando se aburrían de pasarse, lanzaban un centro. En una jugada entre Ramos y Adebayor casi encontró el Real el 2-0 al final de la primera parte. Urgía el segundo gol para terminar de acojonar a los jugadores ingleses y hacer estallar a Bernabéu y jugadores, empujándolos a un empacho saludable y necesario. La primera parte acabó sin mayores noticias: amarilla a Pepe -que no irá a Londres-, Cristiano buscando marcar, Casillas demostrando con los pies por qué es el mejor portero del mundo, un penalti no pitado, y hasta ocho jugadores dentro del área londinense bloqueando cualquier iniciativa blanca.


En la segunda parte salió Defoe por Van der Vaart, superado por el partido y con amarilla. Nada más reanudarse el juego, como viene siendo habitual, el Madrid empujó con ímpetu al rival. Fruto de ese empuje, un balonazo de Cristiano sometió al nigga Gallas, quien quedó atontado y a cuatro patas en el césped del Bernabéu. El segundo intento del7, con la izquierda, tocó la red por fuera. La necesidad del segundo tanto era acuciante, porque como nos enseñaron en el colegio, antes de marcar el tercero hay que marcar el segundo. El asedio era total, y en cualquier momento el árbitro podría pitar pasivo, igual que en balonmano. El Madrid movía con algo de nerviosismo el balón, como si temiera una reacción relámpago del Tottenham, y cada cierto tiempo centraba a la olla, pues sólo Adebayor jugado de pívot podía conservar el balón dentro del área.

Y efectivamente, los ingleses terminaron una contra con un disparo medianamente peligroso de Ekotto, y ahí disculpamos el nerviosismo de nuestros hombres en la frontal del área contraria, recordando pacientes una máxima europea: se puede encajar un gol con cualquier tontería y no conviene dormirse en posesiones interminables. Fue tras un corner y casi una hora después del primer gol que nos encontramos con el 2-0: Adebayor, en un movimiento inteligente para librarse de la marca de Gallas, se situó tras Khedira para rematar un pase de Marcelo, mandando el balón a la escuadra contraria . Tiene nuestro nigga Adebayor un perfil anímico Karembeu que nos trae muy buenos recuerdos a los madridistas nostálgicos.

Tras el 2-0, el camino hacia el 3-0  estaba despejado, tanteo que casi alcanza Khedira con un remate en plancha al que no llegó por centímetros. Aunque tal vez para Mourinho el 2-0 ya era un buen recaudo, y por eso cambió a Khedira por Lass. Más presencia en el medio, más kilómetros y más precauciones defensivas. Una vez marcados dos goles, la segunda parte de la tarea era no encajar ninguno. El Bernabéu recibió el cambio cantando (posiblemente celebrando el gol de Kim Jong Il en Italia).  Con este cambio a la hora de juego el partido entró en su tercera y definitiva fase. Adebayor tuvo el hat trick y el corazón de los piperos a un remate de cabeza que sacó Gomes como pudo. Buen bombeo de Lass en el centro.

El juego, con el Tottenham conectado a la respiración asistida, pedía a gritos la entrada de Higuaín, pero los gritos los empleamos en otra cosa, en vocear a Europa entera el gol de Di María, un jugador con un gran impacto en su primer año de blanco. Hiperactivo en los repliegues, obediente en las coberturas, con desparpajo en el área y acertado en los metros finales, se reivindicó con un precioso gol. Un tanto simbólico para cerrar un partido que el Real llevaba sin jugar desde 2003. Tras este gol salió Adebayor, aplaudido, por Higuaín, ovacionado. El partido se convirtió en un rondo anodino en torno al área inglesa, y ahí estuvo inteligente Mourinho, que decidió hacer obra social sacando a Kaká para que paseara su porte aristócrata y decadente por el césped. La “entendida“ afición del Bernabéu, cuando tiene que reflexionar aplaude, cuando tiene que aplaudir masca pipas y cuando tiene que animar, pita. Está bien que todo el madridismo, hasta el sustrato más ignorante e infectado, se dé cuenta de la estafa del antojo florentiniano (aunque sea dos años después), pero ayer no era un día para pitar absolutamente a nadie. Kaka absorbió la pelota y la imantó, haciendo inútiles los esfuerzos periféricos de sus compañeros. En uno de los 200 minutos que sobó la bola -de los 14 que estuvo en el campo-, le mandó una bonita banana a Cristiano, que de una volea hizo el cuarto de la noche. El balón fue de un extremo del área al otro, y de ahí al palo corto de Gomes.

El Real Madrid ha vuelto, por fin -aunque ayudado por las circunstancias- a hacerse oír en Europa, algo que no sucedía desde hace muchísimo tiempo. Como de todas las victorias, habrá que esperar los favorables resultados psicológicos en la plantilla, que sin duda ya se ve en semifinales de la Copa de Europa, con un partido relativamente cómodo en Londres. Aligerados, tal vez, de la carga de la Liga, pueden centrarse en devolver al club y a sí mismos el orgullo a través de la búsqueda de dos copas que hace que no ganamos, de forma conjunta, 27 años.

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Archivado bajo realmadrid2010-2011

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